· El Universo de la Mente · 2 min read
El dinero no cae del cielo: el que te lo diga te está mintiendo
El dinero no llega por fe ni por deseo. Llega por trabajo sostenido, decisiones incómodas y responsabilidad diaria. Dios ya dio lo esencial. Lo demás no se regala: se construye con mente, tiempo y sacrificio.
Vamos a decirlo claro, compadre, sin vueltas, sin frases bonitas y sin espiritualidad mal entendida:
El dinero no cae del cielo.
Y el que diga lo contrario, o está vendiendo humo o está evitando hacerse cargo.
Ni Dios te va a regalar nada más.
Porque —y esto a muchos les incomoda— ya te dio lo más caro:
una mente que piensa, un cuerpo que responde y tiempo para hacer algo con eso.
Lo añadido no se ora.
Lo añadido se trabaja.
La mentira cómoda
Nos enseñaron que con desear fuerte, creer bonito y “alinear energías” las cosas llegan solas.
Eso tranquiliza, pero no transforma.
La realidad es menos amable y mucho más justa:
nadie que tenga resultados vive esperando milagros.
Mire a los que sí llegaron
Imagínese a un tipo como Elon Musk.
¿Usted cree que ese hombre duerme tranquilo todas las noches?
No, compadre.
Ese man se acuesta pensando qué se va a romper mañana,
cómo resolverlo,
y cómo ir más lejos después.
¿Y paró cuando conquistó medio mundo tecnológico?
No señor.
Siguió.
Y así otros:
empresarios, constructores, banqueros, industriales.
Ninguno llegó rezando para que el dinero apareciera debajo de la cama.
Llegaron pensando, trabajando, arriesgando y aguantando.
La verdad que pocos aceptan
El dinero es consecuencia.
No premio.
No bendición mágica.
Es el resultado directo de:
- resolver problemas reales
- asumir riesgos
- sostener esfuerzos cuando ya no hay motivación
- decidir cuando da miedo
Y eso cansa.
Por eso tantos prefieren creer cuentos.
Dios no trabaja por ti
Dios no te debe nada más.
Te dio lo necesario para moverte.
Pretender que te entregue resultados sin acción
no es fe,
es pereza espiritualizada.
Cierre sin consuelo
Si hoy no tienes lo que quieres, no mires al cielo.
Mira tus decisiones.
Mira tu rutina.
Mira en qué se te va el día.
El dinero no cae del cielo.
Se levanta todos los días temprano y se va a trabajar.
Y ahora, compadre,
la pregunta incómoda es simple:
¿tú también?
